Periódico "El Raval"

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jueves, 8 de febrero de 2018

Columna "Editorial" del periódico "El Raval". Febrero 2018

«Politiqueo» partidista en Barcelona

Hace un par de meses el PSC de la ciudad de Barcelona daba apoyo a los presupuestos municipales. Eran buenos presupuestos y estaban en la dirección que necesitan la ciudad y sus ciudadanos. Tras la aplicación del 155 en Catalunya que el PSC apoyó, BenComú prescindió de su socio municipal y el PSC dejó de formar parte del gobierno de la ciudad. Nada que ver con los presupuestos ni con sus bondades para la ciudad y sus habitantes. Pero...

Llegado el momento de votar los presupuestos municipales el PSC se muestra contrario y anuncia que votará en contra. ¿Qué ha cambiado en los presupuestos que la ciudad y su ciudadanos necesitan? Nada. Pero como el mismo Collboni dijo: "Colau rompió su gobierno y aquí está la consecuencia. Ha cambiado de socios, pero la aritmética no le sale". Para tratar de matizar tan poco edificante argumento, el mismo Collboni acusó a Ada Colau de «alejarse de las políticas municipales de izquierda» algo que para cualquier  persona mínimamente informada de las políticas municipales resulta casi hilarante, porque si algo puede caracterizar al equipo de Colau es el desarrollo de las políticas municipales de izquierda más de izquierda desde la transición democrática.

En las argumentaciones de otros grupos políticos el «politiqueo» partidista también se ha visto, anteponiendo intereses partidistas a los del bien común, aunque no haya sido de una forma tan evidente como en el caso de los ex-socios del equipo de gobierno. Y todo ello nos lleva a una pregunta triste: ¿Somos los ciudadanos moneda de cambio en el juego de los partidos?. La respuesta la dejamos a cada uno de nuestros lectores.

En nuestra opinión, se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con una medida o con otra, en los presupuestos o en cualquier otra cuestión, lo que no se puede es apoyar una medida municipal porque se está de acuerdo en sus beneficios y luego cargar contra ella porque algo ha cambiado en una instancia política (en la autonómica, en este caso) que no es la municipal. Anteponer los intereses de partido a los del conjunto de la ciudadanía va contra la esencia misma del sistema de partidos. Ellos y su cuota de poder no son un fin en sí mismo, el fin de todo su trabajo. El sentido mismo de su existencia, es el bien común. 

 

Corrupción sin consecuencias   

¿Cómo es posible que el PP siga en el Gobierno del Estado después de todos los casos de corrupción y la crudeza del relato de numerosísimos testigos y encausados en los diferentes juicios públicos a los que se ve sometido tanto el partido mismo como cientos y cientos de sus principales dirigentes? La respuesta enlaza con el tramo inicial de esta columna: por el «politiqueo partidista»

Oímos a Pedro Sánchez decir a Jordi Évole que poderes fácticos del Estado le habían presionado para evitar una alianza en la izquierda de España. Luego ganó unas elecciones internas en las que el veto a Rajoy era uno de los temas clave. Oímos a Miquel Iceta gritar desesperado una petición: «Pedro, ¡¡¡líbranos de Rajoy, por favor, líbranos de Rajoy!!!». Hemos visto a Cs en innumerables ocasiones afirmar que una de sus banderas es la lucha contra la corrupción (la otra es el combate contra «quienes quieren romper España»). Entonces, ¿Por qué sigue Rajoy, el lider del partido más corrupto de España, gobernando el país con tan nefastos resultados para la ciudadanía?

Solo el «politiqueo» político que antepone los intereses de partido a los del conjunto de la ciudadanía puede explicarlo. Partidos convertidos en organizaciones financiadas por capitales poco transparentes y que acumulan «deudas» y «compromisos» con grupos de presión cuyos intereses y objetivos nada tienen que ver con los de los ciudadanos. Partidos en los que individuos sin verdadera talla ética intentan labrarse carreras personales. ¿Lamentable?. Pues sí. Pero esa parece ser la cruda realidad de este país.

"El frío invierno" Mª José Hernando.Psicóloga (Artículo publicado en la columna de psicología del ejemplar de febrero 2018 del periódico "El Raval"

Hace unos días fue noticia, si eso se puede considerar noticia, que el lunes 15 de enero era considerado el día más triste del año. Por ser lunes, por haber terminado las fiestas, por el frío del invierno, por la poca duración de la luz solar, por la cuesta de enero...

Sin duda, ésta es una de esas cosas que tienen los  estadounidenses que tratan de poner nombres especiales a algunos días del año.  Pero nos sirve para plantear una cuestión psicológica interesante: ¿tienen incidencia sobre nuestro psiquismo los factores ambientales citados en el llamado «Bluemonday»? La luz solar mayor o menor, la cercanía de los festivos, la temperatura ambiental... ¿influyen en nuestro psiquismo?

No les quepa duda de que la respuesta es sí. Definitivamente sí. No solo porque hay numerosos estudios sobre el tema que así lo afirman, sino porque nuestra misma experiencia personal nos lo muestra habitualmente. Los seres humanos reaccionamos a las condiciones ambientales, reaccionamos a los ciclos dela naturaleza, a las temperaturas y a otros muchos factores ambientales. Y parte de nuestras reacciones son psicológicas. Sin duda.

Lo cual nos lleva a otra cuestión también muy importante: ¿esos condicionantes a los que llamaremos «ambientales», son capaces de determinar nuestro comportamiento?

Y ahí ya no podemos afirmar con tanta contundencia. Una cosa es que nos influyan y otra que nos determinen. Les pongo un ejemplo: el hecho de que en periodos de luna llena haya mayor número de actos violentos (según muchas estadísticas policiales de distintos países) no significa que todas y cada una de las personas se ponga violenta en luna llena.

Los seres humanos llevamos toda la historia superando los condicionantes naturales. Nuestra intencionalidad es el mejor instrumento para ello, aunque no el único. Somos capaces de generar imágenes, aspiraciones, ilusiones y anhelos que tiran de nosotras hacia adelante (o hacia arriba, si lo prefieren) y que generan una mayor influencia en nosotros que cualquier factor ambiental. Tener en cuenta esta capacidad «interna» puede ser muy importante para afrontar esos otros «condicionantes externos». Saber utilizarla puede ayudarnos a sentirnos mejor y a salir de situaciones complicadas.

Reaccionamos al sol, sin duda. Pero somos mucho más que girasoles. No lo olviden.

miércoles, 24 de enero de 2018

"Este año sí" Mª José Hernando. Artículo publicado en la sección de psicología en el periódico "El Raval"

Cada año lo despedimos con una celebración y lo empezamos con propósitos de mejora. El gimnasio y el inglés son los tópicos más repetidos y también es un tópico repetido que esas intenciones se suelen ir diluyendo a lo largo del mes de enero para acabar retornando a los cauces habituales de nuestras vidas. Pero todo eso son tópicos, nada más.

Que en fechas significativas hagamos planes de mejora es lógico. Nuestro psiquismo, en esas fechas, gira su mirada hacia el futuro y, como cabe esperar, elabora imágenes de futuro. En ellas siempre tienen cabida los nuevos proyectos que entendemos mejorarán en algún aspecto nuestra vida. La cuestión es cómo elaboramos esos proyectos.

El primer mecanismo es el de «selección». De entre todos los proyectos posibles debemos elegir cuales son los que nos convienen más. Por supuesto hemos de distinguir entre los realizables y los utópicos o los que no están en nuestra mano. Seguramente nos vendría bien que nos tocara la loteria, pero eso no está en nuestra mano. Quizá también sería interesante dejar de tener que trabajar, curarnos una grave enfermedad o acabar con el hambre en el mundo. Pero ninguna de esas cosas puede ser una buena selección porque no están en nuestras manos. Así que nuestra «selección» se centra en los proyectos que vemos realizables.

En segundo lugar debemos hacer una tarea de «adhesión». Se trata de fijar el objetivo como un francotirador fija su diana en el visor. Analizar lo que se necesita, calcular los costes  o esfuerzos requeridos, planificar los pasos...

Por último necesitamos «elevar» la carga emocional del proyecto, necesitamos desearlo con fuerza, convencernos de que es posible, repasar los beneficios que nos reportará. Esa carga emocional que nos aportará el nivel de determinación necesario para desarrollar el esfuerzo que nos va a requerir el proyecto elegido.

¿Hacemos todo esto? Normalmente no. Normalmente nos limitamos a proyectar imágenes compensatorias poco elaboradas y menos planificadas, basadas en carencias. Normalmente olvidamos que las cosas son como son por algún motivo y que esos motivos de las cosas no van a desaparecer por el simple hecho de que deseemos que desaparezcan.

Hacer planes de mejora es bueno. Es buenísimo. Es necesario y es sano. Pero se han de hacer bien, con calma, por pasos, analizando y «cargando» las imágenes con fuerza. No lo olviden:  «selección», «adhesión» y «elevación». Y cuando tengamos el proyecto listo, sin olvidar la planificación de los pasos intermedios necesarios, aplicarse con resolución.
                                              
                                                                        Feliz 2018!!