Periódico "El Raval"

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viernes, 16 de diciembre de 2011

El Raval. Diciembre 2011. Número 212

¿SE PUEDEN EVITAR LOS RECORTES? Aquí dejo unas cuantas ideas para que el Govern pueda obtener ingresos...

* Ajudes a l’Església catòlica: 10.000 milions (el càlcul, realitzat per Europa Laica, inclou les transferències a l’educació i a la sanitat concertades) Público 09/05/2011.
* Despesa militar total: 17.244,75 milions (Centre d’Estudis per a la Pau de Justícia i Pau).
* Despesa destinada a la Corona espanyola: 8 milions (lliures d’impostos i als quals cal sumar el patrimoni cedit per l’Estat, com també la seguretat i molts altres aspectes pagats a través dels diferents ministeris).
* La supressió d’assessors que els polítics designen a dit (hi ha uns 25.000 llocs d’aquest tipus, dels quals podrien suprimir-se 20.000 “sense impacte laboral”). Com que el seu sou mitjà ronda els 4.000 euros al mes, suposaria un estalvi de 1.120 milions a l’any. (González Calvet, professor d’economia de la Universitat Autònoma de Barcelona).
* Restabliment de l’Impost sobre el patrimoni, (per a patrimonis superiors als 500.000 euros): 2.000 milions. Diagonal, divendres 29 de juliol de 2011.
* Control de l’evasió fiscal que realitzen les grans fortunes amb dipòsits en paradisos fiscals: 80.000 milions (segons un estudi de la Universitat Pompeu Fabra). Diagonal, divendres 29 de juliol de 2011.
* L’eliminació de les exempcions que s’apliquen als premis de loteries permetria un ingrés a les arques públiques de 1.165 milions (Montero i Serrano, professors d’economia de la Universitat de Màlaga).
* Modificació de l’IRPF incrementar del 43% al 50% el tipus marginal de l’últim tram (a partir de 120.000 euros) de la renda: 1.300 milions. Funcas (Federació de Caixes d’Estalvi).
* Augment de la tributació de les SICAV, que actualment tributen l’1%. En aquest moment hi ha prop de 3.369 SICAV, amb un patrimoni sota gestió de més de 27.000 milions d’euros. La Inspecció d’Hisenda va iniciar el 2005 un pla de control d’aquestes entitats, i en la gairebé totalitat dels casos, la Inspecció va detectar irregularitats i va aixecar-ne acta exigint la diferència entre el 35% al que tributaven llavors les societats i l’1% que havien aplicat indegudament. El resultat no va poder ser més descoratjador: van treure la competència del control fiscal de les SICAV a la Inspecció d’Hisenda.
* Elevar la tributació de les rendes de l’estalvi a un 24%: 2.000 milions (informe Plataforma per una fiscalitat justa).
* Un nou tipus impositiu per a les grans empreses que facturin per sobre dels 45 milions d’euros i incrementar en cinc punts la tributació per sobre d’aquesta facturació: 14.000 milions (informe Plataforma per una fiscalitat justa).
En total més de 120.000 milions d’euros, quatre vegades més que el que proposen els governs català i espanyol a proposta de la CEOE i dels grans empresaris del món financer (que, per cert, ja van rebre els 10.000 milions aportats al procés de sanejament i fusió de les Caixes, 20.000 milions injectats al sistema bancari a l’inici de la crisi en forma de compra d’actius i els 100.000 milions en forma de garanties).

Qué sabes de los sueldos e ingresos varios de nuestros políticos?

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http://noticias.lainformacion.com/espana/esta-es-la-larga-lista-de-los-privilegios-que-tienen-nuestros-diputados-y-senadores_SfsgOwWQenQp9ehW5FFvd/

viernes, 9 de diciembre de 2011

LA CRISIS PODRA "VERSE"

A mediados del siglo XX Argentina era la quinta potencia económica mundial. Tras una serie de procesos económicos y políticos descendió casi cien puestos en esa clasificación.
Cuando consiguió desembarazarse de la dictadura militar, ya en los años 80, los efectos de ese descenso eran visibles. Seguía habiendo una clase media bastante más numerosa que la de la mayoría de los países sudamericanos, pero junto a las grandes ciudades, especialmente Buenos Aires, habían crecido enormes barrios de chavolas (las llamadas «villas miseria») en los que se hacinaban millones de familias que sobrevivían en condiciones muy precarias. La red de ferrocarriles seguía comunicando las ciudades del país pero las vías estaban herrumbrosas, los vagones eran obsoletos y el mantenimiento apenas existía. Carreteras bacheadas, fachadas desconchadas, sueldos miserables para los maestros, pensiones ofensivamente minúsculas para los jubilados, atención médica pública deficiente para quienes no podían pagarse una mútua privada...
Si la mirada llegaba a los antíguos puntos de destino vacacional de los alegres años de la opulencia, podían verse hoteles ruinosos, mansiones abandonadas en primera línea de playa y paseos, otrora glamourosos, tomados por las malas hierbas que se abrían paso entre suelos desconchados que nadie se ocupaba de arreglar.
Desde otro punto de vista, la sociedad se había fragmentado de forma que una clase social impúdicamente rica se alejaba del centro de las capitales para instalarse en barrios exclusivos cuya opulencia rayaba lo obsceno, una clase marginal ocupaba las villas miseria de una periferia abandonada a su suerte, y el centro de las ciudades era patrimonio de una clase media afectada por el agobio crónico y la atención obsesiva por los temas económicos.
España no es Argentina y Europa no es Sudamérica. Dejemos eso claro. Pero también dejemos claro que en esta crisis no se trata solo de si el ladrillo y los mercados. Una visión global desde la mirada del capitalismo hace que debamos tener en cuenta varias cuestiones.
En un mercado global las fronteras nacionales han perdido fuerza. Los capitales se mueven hoy libres por todo el mundo. El oriente aglutina casi 4.000 millones de personas que están dispuestas a trabajar por sueldos mucho menores que los de los europeos y que, y esto es la gran novedad mundial, componen un mercado potencial de consumidores que casi triplica al europeo. Decenas de miles de empresas occidentales han visto este fenómeno y llevan años compitiendo por su posicionamiento en aquella zona del planeta.
Hoy en día, ni en competitividad ni en capacidad de consumo Europa es lo que era a finales del siglo pasado. Y la tendencia apunta en la dirección de acentuar tanto la fuerza emergente de los países de oriente como la del descenso de los países europeos. Esto, que es percibido por los mercados de capital, se está expresando claramente en los sufrimientos de la moneda europea.
No decimos que España vaya a transitar por el mismo camino que recorrió Argentina en el siglo pasado. Pero observar aquel proceso puede ayudar a hacernos una idea de lo que parece que nos espera. Los recortes en sanidad y educación recuerdan demasiado al proceso Argentino como para no hacer analogías. Tampoco podemos extrañarnos si las medidas afectan a la obra pública y empezamos a notar carretras más bacheadas, peor pintadas y con menos mantenimiento. Ya observamos un parque automovilístico más modesto y con una antigüedad mayor. Pero lo peor de todo es que ya tenemos cinco millones de parados y nadie dice que esa cifra no vaya a subir. Ellos y los deshauciados son los primeros candidatos a ocupar las hipotéticas «villas miseria españolas», sobre todo los que forman familias sin nigún ingreso de ninguno de sus miembros.
Probablemente en los próximos tiempos asistiremos a un pulso que recordará bastante a las luchas de clases que creíamos superadas: las burguesías europeas tratando de salir bien paradas de la crisis a costa de hacer recaer sobre las clases medias el peso de los sacrificios, y como resultado de esa pelea, la aparición de una clase marginal, condenada a vivir en condiciones de miseria o a buscar en la emigración un mal menor. Los datos que expresan las diferencias entre las rentas más altas y las más bajas ya dejan ver claramente este proceso.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Goldman Sachs se forra provocando hambrunas (Carlos Enrique Bayo. Publico.es)

Tan obsesionados andamos con la deuda soberana, la crisis del euro y la recesión del ladrillo, que nos hemos olvidado de los que están mucho peor que nosotros: los mil millones de personas que cada día se acuestan con hambre.

Las hambrunas que aquejan al planeta tienen múltiples causas, desde las sequías e inundaciones causadas por el cambio climático hasta la industria de los biocombustibles, que quita tierras y cultivos a la producción de alimentos para llenar los depósitos de los grandes todoterrenos del mundo rico. Pero pocos saben que uno de los principales motivos de ese sufrimiento mundial –y de que cinco millones de niños mueran por malnutrición cada año en el Tercer Mundo– es la ingeniería financiera con la que los tiburones de Wall Street transformaron los mercados de futuros de las materias primas en una ruleta bursátil, con la que seguir enriqueciéndose, tras el pinchazo de la burbuja de laspuntocom en 2000-2001.

En realidad, a los primeros que se les ocurrió tan estupenda idea fue a los banqueros neoyorquinos de Goldman Sachs, quienes ya en 1991 crearon un nuevo instrumento especulativo, un índice de 18 productos básicos –del trigo, el cacao, el cerdo, el arroz o el café, al cobre y al petróleo– para que los brokers pudieran también jugar en lo que hasta entonces era un mercado especializado. A ese Goldman Sachs Commodity Index se sumaron después muchas otras grandes entidades financieras deseosas de aprovecharse de la llamada “apuesta de China”: la lógica creencia de que a medida que crezcan los ingresos de chinos, indios y otros integrantes de las nuevas clases medias de las potencias emergentes, consumirán alimentos de mejor calidad y en más cantidad. Una jugada segura.

Es lo que la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (Unctad) denomina “financialización” de los mercados de productos de primera necesidad. Un fenómeno que se desbocó cuando los lobbies financieros norteamericanos consiguieron que el Congreso de EEUU aprobase por la vía de urgencia –para compensar a los mercados del colapso de la burbuja digital– una legislación que permitió a los grandes fondos de pensiones y hedge funds que empezasen a especular con derivados de esos índices de materias primas. Acababa de empezar el siglo XXI y tanto republicanos como demócratas abrazaban el credo de la desregulación financiera.

El resultado fue tan espectacular como ignorado por políticos y ciudadanos: en sólo cinco años, las posiciones de los fondos en el mercado de materias primas pasó de 13.000 a 317.000 millones de dólares. Esa tremenda multiplicación especulativa buscaba, por supuesto, que los precios de esos productos básicos se disparasen, para obtener pingües beneficios con los astronómicos márgenes entre lo que se paga a los agricultores (fijado de antemano e invariable) y lo que se acaba cobrando a los consumidores.

Y así fue. Según los cálculos de la Unctad, en la primera década del siglo los precios medios del trigo, el maíz y el arroz prácticamente se triplicaron… produciendo decenas de miles de millones de beneficios a los especuladores bursátiles, con los que compensaron sus pérdidas en las temerarias operaciones de las hipotecas subprime, los activos basuray los CDS. Entretanto, en 2008 estallaban revueltas del hambre en una treintena de países del Tercer Mundo, donde la mayoría de la población tiene que gastar en alimentos el 70% de sus ingresos y no puede costear ni la menor subida de precios; simplemente ha de pasar hambre.

Ni siquiera la actual crisis económica global ha frenado ese encarecimiento de los productos de primera necesidad, pues el año pasado los precios de los cereales aumentaron en más del 60%.

“El mercado de los alimentos se ha convertido en un casino”, declaró Joerg Mayer, de la Unctad, a The Guardian. “Y por una única razón: hacer que Wall Street gane todavía más dinero”.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Una reflexión interesante: "SIETE RAZONES POR LAS QUE NO ARDE LA CALLE EN ESPAÑA"

Siete razones por las que no arde la calle en España
S. McCoy 02/12/2011 06:00h
Ayer tuve una interesante comida de emprendedores a la que me invitó mi buen amigo Marc Vidal. Para quienes no le conocen se trata del prototipo de pesimista, en su definición tradicional de “optimista bien informado”. Y es verdad. Ha hecho del emprendimiento la guía de su actividad profesional desde el inicio de la crisis, tratando de buscar la arista positiva a ese abrupto ajuste de expectativas personales, económicas y sociales por las que está pasando cada uno de los habitantes de esa piel de toro llamada España. Marc es de los que piensan que antes o después la calle estallará en nuestro país. Y se pregunta por qué aún no lo ha hecho. Se me ocurren, a bote pronto, hasta siete razones distintas que me dispongo a compartir con todos ustedes.
Este es un post colectivo, de esos que caracterizaron los inicios de Valor Añadido. Como les comentaba, mi aproximación a esta cuestión, que flota permanentemente en el aire de una nación que sufre un 22,8% de paro según el Eurostat, es rápida e intuitiva. La suya, querido lector y/o miembro del foro, vendrá precedida por el marchamo de su experiencia personal. Mejor.
Sea como fuere, convengo con Marc en que el statu quo es muy frágil y que la quiebra de cualquiera de los factores que subrayaré a continuación puede ser la mecha que encienda la llama de una contestación pública que dé la puntilla a la confianza, a la inversión y al flujo de fondos a nuestra economía. No se trata, por tanto, de un asunto baladí y más nos vale a todos que, antes de que tal hecho se produzca, logremos enderezar el rumbo de esta nave colectiva por medio del compromiso, el sacrificio y la responsabilidad, elementos individuales indelegables.
No me enrollo más. Les dejo con esos siete puntos en la esperanza de que generen un debate provechoso y constructivo. Buen y largo, para quienes lo disfruten, fin de semana a todos.
1. Dimensión de la economía sumergida. Se trata de la razón más manida. Desde los círculos oficiales se reconoce que alcanza al 25% del PIB nacional. Una de cada cinco transacciones –el 25% del 125%- se realiza fuera del sistema, escapando a la acción directa e indirecta del fisco. Las chapucillas permiten complementar los ingresos asistenciales del estado o los oficiales de la empresa privada. Su tolerancia es una de las paradojas de un país que exige servicios a la vez que convierte en héroes a quienes se niegan a contribuir a su financiación. Al afectar al trabajo menos cualificado, justificaría el porqué esa juventud en la que solo uno de cada dos miembros cobra una nómina no se rebela: quien más quien menos algún ingreso tiene. La picaresca, entendida como espíritu de supervivencia. Va en el ADN patrio, para bien pero también para mal.
2. Protección familiar. La familia sigue siendo uno de los pilares esenciales de nuestra sociedad. No solo es el puerto donde tradicionalmente encuentra refugio el español en tiempos de tormenta, sino que sus diques se han visto reforzados por una década de acumulación de riqueza, la inmediatamente anterior al estallido de la crisis, sin precedentes desde el tardo franquismo. Otra cosa es el papel jugado por la deuda en su probado carácter ilusorio pero lo cierto es que, quien tenía dinero y no perdió la cabeza, pudo hacer mucho más en esos años. Se ha producido y se sigue produciendo una importante transferencia de renta de padres a hijos que permite aliviar la difícil situación a la que se ven abocados muchos conciudadanos.
3. Tipos de interés bajos. España es un país extraordinariamente endeudado, más en el ámbito privado que en el soberano, pese a que es en este último donde tienen puesto su foco los mercados. Pues bien, la amenaza de recesión ha conducido a una política monetaria de bajo precio del dinero que se prevé escriba nuevos capítulos en el futuro inmediato. Y aunque es verdad que la referencia hipotecaria principal, el Euribor, ha repuntado recientemente de la mano de la tensión en el interbancario, se mantiene en niveles reducidos, aliviando la carga financiera de muchos deudores. Otra cosa son el valor de la garantía, la liquidez de la misma, la existencia o no ya de renta disponible, o la injusticia de la responsabilidad patrimonial universal por las deudas, harinas de otro costal. De momento la entrega de inmuebles por imposibilidad de hacer frente a las cuotas se ha producido de manera residual, siendo cada caso una tragedia en sí misma, claro está.
4. Generoso sistema asistencial y amplio estado del bienestar. Los últimos datos ponen de manifiesto que existen millones de familias en nuestro país en la que la mayoría de sus miembros no trabajan y que, además, no tienen derecho ya a percibir prestación alguna. Frente a esta tremenda situación, la realidad es que el sistema de protección en nuestro país, con el salario social asociado al mismo, incluida su correspondiente cuota de fraude, puede llegar a desincentivar la búsqueda de empleo. Es la tragedia de un sistema que paga sin tener en cuenta la voluntad o no del receptor por paliar su situación, a través del establecimiento de baremos como cursos o rechazos a puestos de trabajo. Ocurre que familias con todos sus miembros en paro perciben unos ingresos más que suficientes para salir adelante, incluso superiores a los que recibirían de volver al mundo laboral. De locos. Además, buena parte de los servicios públicos son universales y falsamente gratuitos -quien no paga de forma directa, lo hace con sus impuestos; si tributa, claro está- o absurdamente subvencionados lo que genera un ahorro para el ciudadano que puede derivar en un abuso, que es precisamente lo que ahora se quiere paliar.
5. Deflación de precios. La lucha por la subsistencia ha provocado que muchos negocios hayan renunciado al margen a cambio de mantener unos niveles de actividad que les permitan aguantar el chaparrón mientras dure. Lo importante es el volumen, lo que provoca un abaratamiento general del nivel de vida. No se me ocurre mejor manera de explicarlo que con un ejemplo. Las noches del domingo en Chez McCoy es Pizza Day. Pues bien, cenamos los siete, dos adultos y cinco niños, por 20 euros, aprovechando las múltiples ofertas de los distintos proveedores de tan colesterólica vianda. Y además te la traen a domicilio. Hay promociones todos los días. Ahora las semanas fantásticas son quincenas y los quince días de ahorro, meses. No entro a juzgar la viabilidad de ese modelo de negocio, cada maestrillo tiene su librillo, pero la realidad es que hay un ajuste de precios a la baja que hace crecer el valor de cada euro (¿he oído peseta?). Los datos de inflación están ligados, paradójicamente, a aquellos bienes distorsionados por el papel recaudatorio del Estado vía impuestos, caso de la gasolina o el tabaco.
6. Globalización y virtualización. Este doble fenómeno, sin parangón en la historia y que constituye un verdadero nuevo paradigma, tiene también consecuencias a los efectos que nos ocupan. El primero multiplica los destinos de salida de la gente mejor preparada que, en muchos casos, concibe su lugar de trabajo de forma mundial. Un hecho que multiplica las oportunidades a costa, eso sí, de descapitalizar humanamente el país. El segundo tiene un doble impacto: uno, abarata el emprendimiento, ofreciendo una salida a quienes no la encuentran en la economía real; y dos, mantiene a la gente “entretenida” gracias al ocio asociado a Internet y a las redes sociales, modo de evadirse de la realidad que le aleja de la calle. La lista de ejemplos de las consecuencias de esta nueva concepción del modelo de relación personal y económico son infinitos.
7. Falta de legitimidad de quien pudiera alentar a las "masas". Por último no hay quien aglutine esa potencial rebeldía. Una de las peores herencias que deja el zapaterismo es haber subyugado a todos los elementos tradicionales de contestación, desde la universidad, pasando por la cultura, los sindicatos o los medios de comunicación, pesebreados en su gran mayoría. La tesis de Marc es que la rebelión surgirá por generación espontánea, dejando en palmitas ese primer conato que ha sido el 15-M. Sin embargo, aunque el contexto social ha cambiado, cuesta creer que un movimiento de este tipo pueda mantenerse en el tiempo, de forma consistente y sin alinearse con tesis paradójicamente trasnochadas, en ausencia de un líder que encauce su actividad. Puede que veamos envites puntuales que pongan a prueba el gobierno, pero una revolución generalizada sin elementos aglutinadores parece menos probable.
Ahí quedan esas siete pistas para la reflexión. Ahora, su turno.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Cómo los mercados pueden acabar controlando las instituciones democráticas

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