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domingo, 23 de junio de 2013

La injusticia no es "excelencia". Artículo de Ignacio Escolar Periodista Publicado en el Periódico de Catalunya el 23-6-2013

Recuerdan cuando Soraya Sáenz de Santamaría nos contó que en el 2013 aumentaba la partida para becas en los Presupuestos del Estado? Pues también en eso nos mintieron: no solo porque la letra pequeña decía justo lo contrario que la vicepresidenta, sino porque el ministro José Ignacio Wert está aplicando ahora un nuevo tijeretazo más. El Gobierno, con su neolengua habitual, disfraza este segundo recorte a las becas como un impulso a "la cultura del esfuerzo y la excelencia". En la práctica, esta "excelencia" consiste en que más de 50.000 jóvenes dejan la universidad porque no la pueden pagar.

Las becas no son para premiar a los buenos estudiantes: sirven para garantizar el derecho a la educación, que es la base de esa igualdad de oportunidades de la que habla la Constitución. Cuando el ministro eleva hasta el 6,5 la nota mínima para mantener una beca, está rompiendo esa igualdad porque exige a los estudiantes con menos recursos un esfuerzo extra que no se pide a los demás. La trampa está en que todos los estudiantes de la universidad pública están, en cierto modo, becados: el precio de la matrícula apenas cubre el 20% del coste de la carrera. Sin embargo, solo a los estudiantes de familias humildes se les pide "cultura del esfuerzo", ese extra de "excelencia" para poder estudiar.

Al revés que Robin Hood Las becas de Wert profundizan en un modelo educativo tremendamente injusto. La inversión en universidad pública suele ser de los gastos más regresivos del Estado del bienestar: las posibilidades que tiene el hijo de una familia de clase media baja de cursar estudios superiores son muchísimo menores que las de una persona nacida en una familia de clase alta o media alta. Como todos pagamos impuestos pero no todos los hogares pueden mandar a sus hijos a la universidad, en la práctica el modelo acaba siendo como Robin Hood pero al revés: quita el dinero a los pobres para dárselo a los ricos.

Por supuesto, la solución no pasa por privatizar la educación superior, sino por aumentar las becas para garantizar el acceso a la universidad pública. Con la crisis, las barreras de entrada han crecido y el recorte de Wert es otra losa más para miles de familias que ya están aplastadas por el paro y el desplome de los salarios. Según los cálculos de los rectores, el número de becados puede caer a la mitad.

Frente al tópico, no es cierto que sobren universitarios en España. El problema más grave de desempleo juvenil tiene que ver con ese cerca de millón de jóvenes españoles sin formación que abandonaron sus estudios durante el espejismo de la burbuja inmobiliaria. Expulsar a más jóvenes de la universidad solo agrava este problema, no lo resuelve. Por mucho que se vista de excelencia, es otra injusticia más.

lunes, 10 de junio de 2013

La «contrarreforma» clasista de la derecha. Editorial del periódico "El Raval" de junio 2013

El PP no perdió las elecciones del 14M de 2004 por el atentado terrorista de Madrid. Las perdió por mentir. Mintió en el caso «Prestige» (aún recordamos a Rajoy hablando de «unos hilillos») mintió en el caso Yakolev, mintió para meternos en una guerra (buscando armas de destrucción masiva que Aznar aseguró que se encontraban en Irak) y sobrepasó todos los límites mintiendo en los días posteriores al atentado del 11M. Y ahora, otra vez, miente. Ha mentido en todas sus promesas electorales. Miente en el caso Gurtel y miente en el caso Bárcenas (que es el caso más grave de financiación ilegal de un partido político desde la transición). Mentir es una de las señas de identidad de ese partido. Pero las mentiras constantes a los ciudadanos, con ser indignantes, no pueden ocultar lo que, a nuestro juicio, resulta más grave: el proceso de «contrarreforma» que está llevando a cabo en el país.

La «Reforma Laboral» fue el primer pilar de ese proceso. Con ella se desandaron décadas de logros laborales de los trabajadores. Y aunque pueda parecer que se trata de una reforma que básicamente recorta ingresos a los trabajadores, lo cierto es que se trata de otra cosa aún más hiriente. La Reforma Laboral del PP elimina definitivamente todo empleo «fijo» y genera un mercado laboral terrible que impide a cualquier trabajador hacer planes de futuro. ¿Cómo meterse en una hipoteca (en el improbable caso de que se consiguiera un crédito) si nos pueden echar cualquier día y por motivos más que cuestionables, con una indemnización mínima? ¿Cómo formar una familia, tener hijos... si cualquier día pasamos a ser uno de los seis millones de parados?. Mano de obra dócil y dispuesta a casi cualquier cosa.

Pero la Reforma no solo «roba el futuro» a los trabajadores, también deja a los sindicatos en una situación de debilidad extrema limitando sus posibilidades de negociación y defensa de los trabajadores.

El segundo pilar de la contrarreforma del PP es la Ley del ministro Wert que pone las bases para una educación diferenciada para las familias pobres y las familias que puedan pagarse un centro privado. Mientras se discuten algunos temas relacionados con los contenidos o las lenguas, la ley asegura que en un futuro «la chusma» se concentre en centros públicos muy poco dotados mientras las «familias bien» envían a sus hijos a centros con mejores resultados académicos que serán subvencionados en función de sus resultados, agrandando cada día la brecha entre unos y otros. En esta ley, la Iglesia obtendrá no solo la victoria de la asignatura de «religión» sino unas condiciones óptimas de subvención pública. Todo ello le garantiza el adoctrinamiento y la financiación que necesita para formar a los futuros cuadros dirigentes del país. El resto, mano de obra barata.

La privatización de la sanidad y las tasas judiciales son los pilares 3 y 4 de la contrarreforma: una sanidad para pobres con menos recursos y largas esperas y otra para quienes puedan pagarse mutuas privadas. Una justicia para pobres y otra para quienes puedan asumir los costes de apelaciones caras en tribunales colapsados y lentos hasta la desesperación.

El PP nos está llevando a su «modelo clasista» que desprende todo el aroma rancio de la España más conservadora. ¿Pero qué hacen los demás? 

El capote torero de CiU:  El capote es el instrumento con el que los toreros reciben a los toros cuando entran en la plaza con toda la furia. Con el capote se «sitúa» al toro furioso en «los terrenos» que convienen para aplicarles los puyazos, «hacerles la faena» y prepararles para la estocada. CiU, que ha aplicado en Catalunya políticas tan de derechas como las del PP ha sacado el «capote» del independentismo para colocar a la ciudadanía y a los partidos políticos catalanes en «los terrenos» que le convienen, aplacando la furia de la indignación y canalizándola hacia donde le hace menos daño. Y casi todos «han entrado al trapo».

La izquierda dividida: Mientras la derecha construye su contrarreforma, la izquierda se muestra titubeante y dividida. Los socialistas han perdido su credibilidad y difícilmente la recuperarán desde el liderazgo de Rubalcaba, atrincherado en el Parlamento, en el que se siente cómodo, pero muy alejado de la calle que le percibe más como parte del problema que de la solución. Izquierda Unida y los partidos de izquierda nacionalista/independentista mantienen un discurso más coherente pero no logran ser vistos como alternativa de gobierno. Ninguna de estas izquierdas, por separado, amenazan seriamente la mayoría de derechas. Ni en España ni en Catalunya.

Por otro lado, hay una izquierda no parlamentaria a la que podemos encuadrar en la etiqueta del 15M, aunque con muchos matices, que mientras no se articule de forma que pueda ser votada difícilmente frenará la contrarreforma en marcha. Eso sí, logrará algunas victorias morales. Pero la moral poco daño hace a la derecha en el poder. 

Por último, existe una  «izquierda ilustrada» que no aporta otra cosa que su vanidoso desprecio a todos los demás.

Mientras, el ciudadano de a pie sufre indignado esperando una reacción que no llega.