Periódico "El Raval"

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martes, 15 de octubre de 2013

EL CAMPO TRAS LA BATALLA. Editorial del periódico "El Raval" de octubre 2013

Decíamos el mes pasado que con los datos publicados por la agencia tributaria, según los cuales más del 40% de las declaraciones de renta correspondían a sueldos menores de 1.000 euros, sumados al 25% de paro, la crisis podía darse por «completada»: se ha generado un empobrecimiento de las clases medias y bajas, se ha dejado a los sindicatos sin potencia negociadora, se ha reducido el estado hasta dejarlo «en los huesos» y se han recortado servicios sociales y libertades democráticas.  Dicho de otro modo, en el contexto mundial se ha «reubicado» a España y a los españoles hasta un nivel cercano a los antes llamados «países en vías de desarrollo» mucho más abajo del que la pretenciosa presencia en el G-20 podía aparentar.

Los datos publicados después de nuestro editorial del mes pasado, referidos a la pobreza y los suicidios (páginas centrales de nuestra edición de este mes) parecen describir el panorama tras la dura batalla: la pobreza alcanza niveles no vistos desde la dictadura y la desesperación de muchos españoles se refleja en los datos de suicididos (e intentos de suicidio) que alcanzan cifras propias de auténticos desastres naturales o grandes atentados terroristas.

No aparece dibujado todavía entre los datos publicados el aspecto más positivo de esta traumática  batalla vivida. Nos referimos a los miles, posiblemente cientos de miles, de ciudadanos movilizados que han decidido ponerse en marcha agrupándose en infinidad de organizaciones de base, asociaciones vecinales, movimientos sociales, agrupaciones gremiales y profesionales, corrientes de opinión, etc.(quizás la PAH sea la organización que más ha podido visibilizar y sirva como ejemplo de lo que decimos). El caso es que la crisis ha «despertado» a una ciudadanía adormecida en lo político, que dejaba hacer «autoconvencida» de que con presentarse ante las urnas cada cuatro años era suficiente para ejercer y defender sus derechos.

No se han publicado datos que ilustren este fenómeno porque no es demasiado visible, pero una observación atenta de los medios de comunicación y de las redes sociales es suficiente para descubrir que son innumerables las iniciativas orientadas a la movilización, organización y desarrollo de respuestas ciudadanas que tratan de cohesionar un nuevo tejido social capaz de poner freno a los desmanes de una minoría que controla la política desde la ineficacia y, como se está viendo, la economía desde la corrupción.

Este nuevo tejido social se está tejiendo en reuniones y asambleas, en centros cívicos y locales barriales, en ciudades y pueblos. No está listo. Está verde, incipiente, minoritario. Pero está trabajando con mucha motivación y la convicción de que es necesario que la ciudadanía tome las riendas que la misma Constitución le otorga como depositaria de la soberanía. 

Quizá porque ese tejido aún no está listo del todo o quizá porque no se ha encontrado el momento preciso,  lo cierto es que hay otro elemento que no aparece en los datos publicados.  Nos referimos ahora a un «run-run» que circula por bares y centros de trabajo, que aparece en conversaciones de terrazas, en reuniones familiares y, por supuesto, en las redes sociales. Un «run-run» que parece anunciar una gran movilización, contundente y catártica, en el momento en el que una «chispa» provoque la primera llama de lo que se espera sea la respuesta más masiva y trasnformadora desde la transición.

También es posible que ese «run-run» esté en la base de la intención de Gallardón al presentar un nuevo código penal que bien podría bautizarse como el «código bozal de Gallardón». Un nuevo código penal a todas luces innecesario que pone el énfasis en la penalización de la protesta ciudadana convirtiendo en delito de cárcel la «ocupación de entidades bancarias», por poner solo un ejemplo  ilustrador del talante del nuevo código. Seguiremos atentos.