Periódico "El Raval"

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domingo, 8 de mayo de 2016

"EL SUSTO". María José Hernando. Psicóloga

Toda persona transita por la vida como si ésta fuera un camino en el que descubrimos distintos paisajes y atravesamos por distintas situaciones. También se suele utilizar mucho la imagen de un río, con tramos apacibles y otros de rápidos peligrosos. Da igual la metáfora que utilicemos, la idea es la misma: la vida transcurre, avanza, atravesando momentos buenos y momentos malos. Es así desde que tenemos conciencia de que vivimos hasta que exhalamos nuestro último aliento. 

A lo largo de ella afrontamos dificultades de todo tipo. Hay dificultades económicas, sociales, intelectuales, emocionales e incluso de tipo vegetativo. Afrontamos problemas de salud, pérdidas dolorosas, decepciones, frustraciones, traiciones... Y en todas esas dificultades tratamos de salir adelante de la mejor manera posible con los recursos y potencialidades que también vamos adquiriendo en el camino.

Pero hay un punto, una situación, un momento en la vida en el que algunas personas se enfrentan a lo que podríamos llamar «el susto». Un momento en el que no sabemos cómo actuar, como salir adelante. Es un momento en el que sentimos que la situación nos sobrepasa, en la que tememos que vamos a perder el control, que no seremos capaces de reconducir.

Es una situación agobiante, llena de angustia y ansiedad. Y sobre todo, muy solitaria, muy íntima, muy personal. Si no la han vivido, mejor. Si la han vivido, saben de qué les hablo.

Por mi profesión, me encuentro muchas veces con personas que la están viviendo. Llegan a la consulta en busca de ayuda cuando ya no encuentran otra solución mejor. Son personas que se sienten un poco avergonzadas, como si el no poder encontrar una salida por sí mismos fuera una muestra de su debilidad, de su incompetencia. Y sufren. Es un sufrimiento sordo, silencioso, interior. Al principio no lo muestran. Se protegen de mi «mirada» y miden e incluso «maquillan» su relato en una especie de reflejo de justificación.

Pero enseguida comprenden, o les hago comprender, que no es necesario todo eso. Nadie les va a juzgar. Han llegado porque necesitan ayuda y ayuda es lo que recibirán. Y buscar ayuda no es signo de nada negativo, es solo una manifestación muy explícita de su deseo de mejorar. ¿Qué reproche puede tener el deseo de mejorar? Ninguno. ¡Todo lo contrario! No hay nada más humano que el deseo de mejorar y el esfuerzo por encontrar ayuda para hacerlo es encomiable.

No lo dude. No se haga líos. Si está viviendo una situación así, si siente ese «susto», no se avergúence por buscar ayuda. Es lo mejor que puede hacer. Es lo más inteligente, lo más eficaz y lo más respetable. Nadie puede ser especialista en todo. Cuando el problema es específico, lo mejor es buscar la ayuda de un especialista en esa materia. ¿No cree?

La vivienda y los apartamentos turísticos. Editorial de "El Raval" Mayo 2016

Una ciudad es un agrupamiento de seres humanos que deciden desarrollar sus vidas en un mismo lugar. Esos seres humanos tienen un proyecto vital, unas imágenes de futuro, unos anhelos, unas aspiraciones. Para desarrollar sus proyectos vitales necesitan una vivienda y unos servicios. Si quisieran vivir alejados de los demás, no elegirían vivir en una ciudad. Así que buscan una vivienda en la que residir, la eligen de acuerdo a criterios personales muy diversos, pero sobre todo, la eligen pensando en que será un instrumento adecuado para desarrollar su proyecto vital. Y según sus posibilidades, y las posibilidades que les da el mercado, la compran o la alquilan. La vivienda es algo tan importante para el desarrollo de un proyecto vital humano que incluso se considera un derecho fundamental. Pero la vivienda no es lo único que necesitan. Por eso, además de la vivienda propiamente dicha, tienen muy en cuenta a los vecinos que tendrán alrededor y también los servicios cercanos: comercios, colegios, centros médicos, espacios y parques etc. Y, para que todo ese entramado funcione correctamente, eligen a unos representantes que se encarguen de ello.

Para dotar del número de viviendas necesarias se construyen «edificios de viviendas». Son edificios pensados para que las personas puedan desarrollar sus proyectos vitales en ellos. Además, se  construyen otros edificios específicamente destinados a servicios: hospitales, colegios, oficinas, etc. Y para quienes vienen de visita a una ciudad, ya sea por motivos turísticos o por cuestiones de trabajo, se construyen otros edificios a los que llamamos «hoteles». Son edificios independientes de los edificios destinados a la vivienda, son específicos y cumplen su función. Pero...

Pero en Barcelona, hace algunos años, unos pocos propietarios de viviendas, vieron una posibilidad de hacer negocio con viviendas que habían adquirido como inversión. Ya no les era suficiente con el mercado de alquiler convencional. Querían más beneficio. Y les salió bien. Así que otros propietarios decidieron hacer lo mismo. Fueron tantos que hasta se convirtieron en una competencia para el negocio de los hoteles. Sí, esos otros «edificios específicos» pensados para acoger a los visitantes de la ciudad sin interferir en la convivencia de las comunidades de vecinos.

Algunos hoteleros, entonces, pensaron que en lugar de invertir en «hoteles de apartamentos» podría ser mejor idea sumarse al negocio de los apartamentos turísticos y empezaron a invertir también en la compra de pisos vacíos o de edificios de viviendas para destinarlos al alquiler turístico. Finalmente, hasta los más reacios propietarios de pisos pensaron que si no entraban en el negocio serían una especie de «tontos» que dejaban escapar una buena posibilidad. Y ahí la cosa se descontroló totalmente...

Los apartamentos turísticos no son como los hoteles. No son edificios específicos. Están entreverados en los edifcios de vecinos, empujan los precios de los alquileres hacia arriba hasta expulsar a los vecinos tradicionales de sus barrios y de sus ámbitos de relación. Generan inseguridad en las comunidades porque el cambio constante de ocupantes impide que se establezcan las reglas básicas de convivencia. Generan molestias porque las necesidades de los residentes habituales no tienen nada que ver con las aspiraciones de los visitantes ocasionales. Los apartamentos turísticos son lo más parecido que hay a una infección que afecta a nuestros barrios.

Y por mucho que se meta en el mismo saco del turismo a hoteles y apartamentos turísticos, su repercusión en la vida vecinal no tiene nada que ver. Los hoteles generan puestos de trabajo directos e indirectos, los apartamentos turísticos solo el beneficio de especuladores. Los hoteles son fácilmente controlables y su ubicación puede ponerse al servicio de las necesidades de la ciudad, los apartamentos turisticos todo lo contrario. Los hoteles no tienen un impacto relevante en el mercado de alquiler, los apartamentos turísticos contaminan ese mercado en perjuicio de los vecinos.

Es responsabilidad de nuestros representantes electos poner fin a esta infección. Los apartamentos turísticos deben ser prohibidos sin más. Todos ellos sin excepción. Incluso los ubicados en un edificio sin vecinos, que para eso ya se invetaron los «aparthoteles». Si los anteriores gobiernos de la ciudad los permitieron merecen nuestra crítica, pero los actuales deben tener la valentía de acabar con ellos. Son la mayor amenaza de la ciudad y ellos han sido elegidos para algo. Atrévanse!